Al principio empiezas con el botiquín y te vuelves loco.  Procuras llevar de todo por si acaso.  Al viajar con una niña, te quieres cubrir más, también por si acaso.  Y al final ese “por si acaso” te llena todos los cajones de un montón de medicinas y de cosas de todo tipo, muchas veces inservibles.

El botiquín es algo parecido al seguro.  Es algo que hay que llevar pero cuanto menos se use mejor.

Nosotros apenas hemos usado nada y prácticamente todo ha vuelto a casa después de una gran vuelta por el mundo.

Esto no quiere decir que nos hayamos arrepentido de haberlo llevado, pero si que en un posible futuro viaje, llevaremos mucho menos.  Y por qué no decirlo, seguro que necesitaremos lo que hayamos dejado en casa.  Ya sabéis, las famosas leyes de Murphi.

Por otra parte, sabéis que en muchos medicamentos pone: guardar en sitio fresco, o no exponerlos a temperaturas superiores a 25º, etc.  Pues los nuestros han estado durante meses expuestos a cambios de temperatura de entre -15º a +50º, con tanto humedades ambientes bajísimas como altísimas, con lo cual se puede llegar a dudar de su efectividad en algunos casos.

Pero sí, es importante un botiquín con por menos algunos medicamentos que ya analizaremos más adelante, pero que tampoco hay que volverse muy locos. Farmacias hay en todo el mundo aunque una cosa sí os voy a decir, vivimos en uno de los países a juzgar por lo que hemos visto, en el que los medicamentos básicos son de los  más baratos del mundo, sobre todo para un extranjero.