Una vez que sales de Europa cada vez que cambias de país vienen las incógnitas. Te preguntas cómo sera esta frontera, porque las hay de muchísimos tipos y siempre son diferentes. Hay en las que pasas rápido y sin problemas, en las que te tiras horas de espera pero son relativamente fáciles de pasar, las que esperas y encima te vuelven loco, las que no entiendes absolutamente nada de lo que te dicen  o de los impresos que tienes que rellenar y nadie habla nada de inglés, las que te vienen los policías corruptos a pedir dinero, etc, etc.

La cosa es muy sencilla, la solución a todas es la paciencia.  No se puede ir con prisas nunca.  Lo suyo si es posible, es llegar prontito por la mañana y armarse de valor.  Tienes que ir mentalizado de que igual pierdes todo el día en poder entrar en el siguiente país.  Si lo consigues más rápido estupendo, pero por si acaso no hagas planes.

A veces te tratan de maravilla y otras todo lo contrario.

Importantísimo tener siempre una sonrisa en la boca y no perder nunca los nervios aunque a veces sea complicado.  A malas no tienes absolutamente nada que ganar.  Lo mejor siempre es hacerse el tonto.

Yo siempre voy con Bianka y a veces al ver una niña se ablandan un poco, pero sólo a veces.

Lo primero y fundamental es saber con antelación si se necesita visado o si se puede sacar en el mismo puesto fronterizo.  Llegar sin visado a uno de ellos y que no se pueda sacar allí mismo supone la no entrada en el país y posibles problemas para volver a entrar en el que se acaba de dejar.

Una vez allí es fijarse en lo que hacen los demás y seguirles.  Siempre encuentras un alma caritativa que ayuda a rellenar los impresos, pero algunas veces no es tan caritativa y luego espera que le pagues por ello, así que cuidado también con esto.

Lo que está claro es que hay que quitarles el miedo y tener paciencia.

Existen algunos trucos o estrategias para cuando la cosa se complica un poco y que vas aprendiendo con la experiencia de los que hablaremos más adelante detenidamente.